Florence Nightingale
En la guerra de Crimea consiguió que la acompañasen 37 voluntarias, pocas con conocimientos previos de trato a enfermos, y consiguió que los campos de campaña de heridos redujesen su mortalidad asociada a las infecciones por la mala higiene, la falta de alimentación y el desabastecimiento. Esto escribía de ella el diario “The Times” el 8 de febrero de 1855, en plena guerra. «Sin exageración alguna es un «ángel guardián» en estos hospitales, y mientras su grácil figura se desliza silenciosamente por los corredores, la cara del desdichado se suaviza con gratitud a la vista de ella. Cuando todos los oficiales médicos se han retirado ya y el silencio y la oscuridad descienden sobre tantos postrados dolientes, puede observársela sola, con una pequeña lámpara en su mano, efectuando sus solitarias rondas».
Esta dedicación llevó a que se la conociese como “La dama de la lámpara” y la convirtió en un mito. Ahora, los enfermeros tienen que hacer el “juramento Nightingale” antes de iniciarse en esta profesión. “La primera regla para trabajar en un hospital es no hacer ningún daño al enfermo”, señaló, algo tan simple, tan certero, que los eminentes doctores de la época no acababan de entender.